El mercado de las tecnologías de la información, a nivel nacional e internacional, nos muestra desde hace algún tiempo la relevante tendencia de capacitarse en marcas multinacionales, porque se entiende el importante aporte que éstas desarrollan en ingeniería tecnológica de avanzada, pero de modo especial en productos con un significativo componente de innovación que revolucionan cada cierto tiempo la industria de los negocios.
En ese contexto, la formación profesional asociada a esas marcas se vuelve de primera necesidad y de claro impacto para las empresas que demandan profesionales especializados en estas innovadoras tecnologías. Un buen ejemplo de cómo se puede acceder a este conocimiento es mediante los centros de formación y capacitación, ya que eso permite actualizar estudios, además de la opción de alcanzar certificaciones en especialidades muy cotizadas y, finalmente, mostrar un dominio acreditado de una marca en particular. Eso es diferenciación que aporta valor al capital humano y garantiza, además, el uso eficiente de los recursos de TI.
Sin embargo, este trabajo externalizado de los centros de formación y capacitación para el posicionamiento de las marcas no resulta siempre del todo exitoso. Existe registro probado que mientras algunos llegan a un perfecto nivel académico otros no siguen el mismo camino. Es dato de la causa que actualmente existe mucho mercado informal que entrega conocimiento con relatores no acreditados y que, por lo mismo, no garantizan un proceso de aprendizaje relevante para el alumno. Eso, sin detallar que cuando se participa de programas no certificados el profesional no accede a una certificación de la marca, tratándose en una cantidad real de veces un requisito indispensable para obtener la certificación o categoría asociada.
Otro aspecto relevante, y que se asocia directamente con el nivel de cesantía y desaceleración económica que experimenta Chile, es tomar nota que el profesional cesante busca capacitarse para obtener mejores oportunidades en futuras experiencias laborales. Sin embargo, no existe información clara y en ese contexto de incertidumbre adquiere más relevancia el costo económico del curso que su valor como fuente de conocimiento experto. Es decir, el profesional no investiga correctamente y puede fácilmente tomar una mala decisión.
Los centros de educación deben estar acreditados por las distintas normas de educación (ISO 9001 – NCH 2728). Eso asegura que están bajo las establecidas en calidad a nivel internacional y en procesos de formación nacional en educación. Asegura también que se cumplan los protocolos mínimos para garantizar excelencia académica, calidad de servicio y un retorno importante de la inversión que las personas y las empresas realizan en la formación de sus recursos especializados.
La correcta capacitación, entonces, debe estar garantizada por un centro oficial y reconocido por la marca. Acto seguido, el proceso debe ser validado con una certificación para demostrar el conocimiento y dominio real. Sólo así se puede dar garantía de que se sabe, asunto que por lo demás el mercado sabrá valorar y reconocer. Hoy, en Chile, de la totalidad de profesionales de TI que busca perfeccionar sus conocimientos, cerca de un 75% lo hace pensando realmente en certificarse y un 60% lo hace en centros no oficiales. Eso debe cambiar.
Por Liz Horstmeier, Gerente Educación Ennovate



